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martes, 14 de febrero de 2012

Ni distancias ni prohibiciones acaban este amor


Ni distancias ni prohibiciones acaban este amor

Crucita, es verdad que no hay distancias ni prohibiciones en el tema del amor, me dijo mi colega Mayra Batista hoy 14 de febrero, día de San Valentín.
No me  sorprendes, le digo, la vida está llena de ejemplos que demuestran esa afirmación.
Pero entonces me dijo: pues…te voy a sorprender, porque tengo una entrevista con Elizabet Palmeiro, la esposa de Ramón Labañino, uno de Los Cinco como se les conoce a  nuestros hermanos antiterroristas presos en Estados Unidos.
Me sorprendiste, ciertamente me sorprendiste, porque no es fácil desde nuestro pueblo, Manzanillo,  ubicado a más de 900 kilómetros de La Habana lograr una entrevista con una de las madres o esposas de los héroes cubanos, aunque no ha sido esta la primera que se consigue…pero tienes razón me sorprendiste y sobre todo por dedicarla al amor entre estos seres que ni la distancias, ni los odios, ni lo difícil de la situación lo ha disminuido en un ápice según cuenta la esposa de Ramón Labañino.
Entonces en un gesto solidario como el que rodea toda la causa de Los Cinco, Mayra accedió a que yo publicara en mi blog esta entrevista que tiene el añadido de los versos de un poema de Antonio Guerrero, otro de los hermanos injustamente encarcelado.
A continuación la transcripción de la entrevista realizada por la periodista de Radio Granma en Manzanillo a Elisabet Palmeiro

Feliz día del amor y la amistad.
Debes saberlo: soy un enamorado
metido en semejante circunstancia
que amaneciendo lejos no se olvida
de las casas lluviosas de su infancia.

Periodista: El amor de Elizabet  Palmeiro y  Ramón Labañino  crece desafiando  la distancia  y es para ambos  un arma más contra la injusta condena impuesta a Ramón, la manipulación de su causa y  los vejámenes  que ha vivido en estos 13 años en cárceles de Estados  Unidos.
La fortaleza de este amor Elizabet, es la   motivación para  conversar con usted en este día de los enamorados ¿Cómo rompen ustedes los barrotes que los separan?

Elizabet: No hay barrotes, ni muros, que el amor no lo pueda, superar romper, traspasar, porque precisamente  es la fuerza que mueve muchas acciones de los seres humanos, es la motivación de los seres humanos a  luchar por su bienestar y  por el bienestar de su raza y de la existencia humana.
          Para nosotros ha sido muy difícil  todos estos años de separación de Ramón, para las niñas, para mi, porque  él es el centro, el horcón de la casa,  a pesar de  las prolongadas ausencias siempre ha estado al tanto de todo, en la medida  de las posibilidades,  entre el encierro, El Hueco, situaciones difíciles en la prisión, nunca hemos dejado de  comunicarnos…  como una especie de telepatía  o algo parecido.
      Hemos vivido momentos  muy  importantes de nuestras vidas  y la de nuestras hijas. Lo hemos  podido superar en gran medida  gracias a la solidaridad de nuestro pueblo y de muchos amigos en el mundo y del  país como ustedes: los manzanilleros, los granmenses...
       Ramón  es un hombre lleno de amor y solo de amor  y a pesar de las condiciones difíciles  que ha vivido, esa capacidad no ha disminuido, al contrario crece. Por estos días nuestra  hija más pequeña Lisbet cumple 15 años, y él desborda más amor, interesado por todo los  detalles  de su fiesta. Ella  también llega a esta edad  sin tener a su papá a su lado.
                                          
                   Debes saberlo: no estoy asombrado
de que en esta obligada y cruel distancia
mi vida siga alegre y dolorida:
sufrir y amar es una redundancia. 

Periodista:¿Imaginaba Usted que su amor por  Ramón devendría en sacrificio, altruismo  y espera?

Elizabeht:    Nos conocimos, como muchos enamorados en Cuba, en una parada de la guagua  en el Vedado,  y a partir de ahí surgió una amistad muy bonita, compartiendo los mismos gustos,  el teatro, el cine, el malecón, que después se convirtió en amor. Apenas  nueve meses llevábamos  de   novios  cuando me pidió que nos  casáramos  y sellamos nuestro matrimonio el 2 de junio de 1990.Los primeros años me entrené como madre con la pequeña hija de Ramón que pasaba los fines de semana con nosotros, después vinieron nuestras hijas que nunca han vivido prácticamente con Ramón, sacando la cuenta, Laura    tiene  ahora 19 años, arrestaron a Ramón cuando ella tenía 6 años  y  Lisbet un año, ya va cumplir 15. Nunca dejamos atrás por la distancia, ningún plan personal ni familiar de nuestra vida en común.
      Ramón venía poco a  Cuba  antes de que fuera arrestado debido a la peligrosidad de su misión,  que yo desconocía,  pero me imaginaba  que algo importante podía estar haciendo  cuando él  se alejaba tanto tiempo de la casa, pero aún así tomé el reto de no aplazar  la posibilidad de  tener nuestros hijos, pues él siempre iba a estar cerca,  nos iba a estar acompañando, aunque fuera en mi mente y en mi corazón.
          Para las niñas  también ha sido un reto no estar con su papá y saber que  él  a pesar de estar lejos de ellas, está al  tanto de lo que hacen,  de los logros, éxitos, penas y pérdidas, de todo...
                    
La herencia de mis sueños cuál sería
si diera nuestro azul por terminado,
si en mi ausencia se borran tus colinas.

Periodista  ¿Cómo crece ese amor en las esporádicas visitas a la cárcel en estos trece años de injusta  prisión?
 Elizabet:  En esta larga espera  las visitas han sido un promedio  de una vez al año, por suerte, y nosotros aprovechamos el tiempo lo mas que podemos,  no nos lamentarnos del poco tiempo que tenemos, que no podemos besarnos y abrazarnos las  veces que quisiéramos, que no le podemos llevar nada. Sencillamente hacemos el esfuerzo mayor para disfrutar las horas al máximo, dejando las carencias  espirituales que tenemos  fuera de la prisión con la esperanza de que se haga la justicia y ellos regresen a Cuba.
                   
                   Y te confieso sin pudor ni hipocresía
que tú eres lo que más he recordado
de aquel pasado de sangre ultramarina

Periodista:   ¿Qué es el amor para ti?
           Es el amor  hacia Ramón, es eso que hago todos los días:  ser digna de lo que él representa para todos, no solo  para mi familia sino para el pueblo.
            El amor hacia él es serle incondicional  y defenderlo en todas las tribunas, el amor es  también  llevar adelante nuestra   familia.
            El amor es tratar de no derrumbarme ante tanto sufrimiento por  su ausencia, la injusta condena a  que es sometido, las manipulaciones que se hacen de la causa que defiende, es no dejarme derrumbar porque él me necesita.

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